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27: El Vino Y Los Envejecientes

27: El vino y los envejecientes

Existe un hogar de envejecientes en Nueva York donde hay alrededor de 60 residentes. Son personas mayores, de clase media alta, quienes en lugar de vivir solos o ser un impedimento para sus familias, han decidido vivir en ese lugar donde tienen sus propios apartamentos, llevan acabo actividades en grupo, y diariamente disfrutan de la cena en un restaurante que les sirve comidas a la carta en el mismo hogar. Durante mucho tiempo la cena fue una ceremonia aburrida donde los envejecientes llegaban a la hora indicada, se sentaban en unas mesas preseleccionadas, se comían su comida la cual estaba basada en un menú preseleccionado tomando en cuenta la condición médica de cada uno de ellos, y seguían la misma rutina aburrida todos los días.

Un día llegó una nueva residente, una viejecita de alrededor de 75 años.  La primera noche apareció en el restaurante, bien  vestida, con paso firme y enérgica, con un bastón en la mano y una botella de vino tinto en la otra. La viejecita cenó sola, se bebió su botella de vino, y no habló con nadie. Esa rutina se repetía todos los días. Un día era un tinto italiano, otro día era un cabernet sauvignon californiano, otro día era un español. Al poco tiempo ya los demás residentes esperaban la llegada de la viejecita, y sigilosamente miraban en dirección a su mesa para ver cuál era el vino que había traído ese día.

Para muchos de esos residentes, el vino era algo desconocido. Durante su juventud, para la época de la depresión, si habían tenido el privilegio de tener acceso a algún vino, era un vino de mesa barato, muchas veces de pobre calidad. Según fueron madurando, habían comenzado a consumir las bebidas de los adultos para aquella época las cuales eran la cerveza, o el whiskey. Posteriormente se sofisticaron un poco y empezaron  a beber martinis, ginebra, y vodka. Nunca habían tenido acceso al buen vino, ni a la educación relacionada con el mundo del vino.

Con el pasar del tiempo la viejecita hizo amistad con algunos de ellos, y comenzó a compartir su vino con ellos introduciendo a sus nuevos amigos al fascinante y placentero mundo del vino. Para esos residentes de edad avanzada, a pesar de que su mundo en general se estaba contrayendo, se estaban compenetrando en un nuevo mundo de sabores, olores, camaradería, convivencia, alegría, y nuevas experiencias. Lo que antes eran cenas aburridas en un comedor en silencio, se convirtió en una actividad social llena de, risas, chistes y bromas, gratos recuerdos, e intercambio de historias personales.

A la viejecita le pusieron el apodo de “La Dama Del Vino”. En cuestión de meses su influencia sobre los demás residentes era tan persuasiva que los demás residentes comenzaron a comprar sus propias botellas, y comenzaron a pedirle a sus familiares y amigos que cuando los fueran a visitar en lugar de regalarles jabones, pijamas y calzoncillos, les regalaran vino. Como consecuencia de eso llegó el momento en que a la hora de la cena en todas las mesas del comedor había varias botellas de vino de diferentes clases. Más tarde la viejecita organizó un club de vino entre los residentes al cual llamaron “OWLS” (Old Wine Lovers Society) cuyos socios se reunían una vez a la semana. A esas reuniones cada socio traía una botella de vino, las cuales compartían discutiendo las características, virtudes y defectos de cada vino.

Como era de esperarse, la viejecita se convirtió en la residente más popular del hogar y diariamente recibía varias llamadas de otros residentes para que los visitara y compartiera con ellos algún vino, o para que se sentara con ellos durante la cena de esa noche. Eso no se limitó a los demás residentes ya que el personal de la cocina del restaurante, los mozos, y los empleados de mantenimiento patrullaban constantemente alrededor de la mesa de la viejecita con la esperanza de que ésta los invitara a compartir su vino con ella.

Esa introducción al mundo del vino cambió la actitud y la vida de muchos de los residentes del hogar simplemente al añadir en sus vidas nuevas experiencias, nuevos amigos y contactos sociales, placeres sencillos y saludables, despertó recuerdos de pasadas experiencias, y en muchos casos, redujo los pesares y preocupaciones que vienen con la vejez. El disfrutar de varias copas de vino cada noche les ofrecía la libertad de relajarse, de olvidarse de sus enfermedades y achaques, y les daba la libertad mental que algunos habían perdido hacía algún tiempo (a tal grado que algunos dejaron de tomarse algunas de las medicinas que les habían recetado sus médicos y su salud mejoró).

El vino puede cambiar la vida de las personas. Poner una botella de vino en la mesa para disfrutarla con familiares o amigos es muy diferente a poner una botella de whiskey o ron. El vino era la bebida de los dioses, de los Papas, de los emperadores y de los reyes. Es sinónimo de buena comida, buenos amigos y buena compañía. Nunca es tarde para aprender sobre el fascinante mundo del vino y disfrutar de sus placeres. En este caso que aquí les he  narrado, solamente se requirió la iniciativa de una viejecita amante del vino para traer felicidad y alegría a todos los que la rodeaban

Si usted todavía está bebiendo vodka con cranberry, whiskey con agua de coco, o J & B con Pepsi Cola, pero aún está vivo, todavía es rehabilitable. Comuníquese conmigo para darle el teléfono y dirección de la viejecita.

Nota: Las personas en la fotos somos mi esposa y yo disfrutando de un buen vino (no somos del hogar de envejecientes).

Recuerde que estos artículos van dirigidos a personas que no saben mucho sobre el vino. Para comentarios o preguntas comunicarse a

Les recordamos que estos artículos van dirigidos a personas que no saben mucho sobre el vino. Para comentarios o preguntas comunicarse a: rey@hablemosdevinos.com. Copia de todos los artículos anteriores los puede encontrar en la siguiente dirección: www.hablemosdevinos.com

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